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A lo anterior se debe agregar los efectos de la saturación en relación con el notariado, pues la gran mayoría de los abogados están habilitados para ser notarios públicos. Este fenómeno ofrece un contraste con la realidad más razonable, de otras latitudes. Por ejemplo, en España hay un número sumamente limitado de notarios. Quienes acceden a esta posición deben pasar por un sistema muy riguroso de oposición que empieza cuando el candidato obtiene su título de abogado y toma varios años. En ese proceso, la mayoría queda en el camino.

No ha de extrañar que, a menudo, se escuchen críticas justificadas sobre la calidad de nuestros profesionales en el campo del derecho. Los filtros para acceder a la profesión, francamente, son escasos.

Por otra parte, el problema no sólo tiene que ver con la calidad. También hay insuficientes filtros de probidad. Aunque el Colegio de Abogados y la Dirección Nacional de Notariado hacen enormes esfuerzos para supervisar el ejercicio de la profesión en el país, no son pocos los casos de colegas cuyas prácticas inescrupulosas terminan en suspensiones o condenas penales. Los cursos de ética profesional que existen apenas brindan una información superficial. La situación exige cambios de fondo.

Dichosamente, se han dado algunos pasos en la dirección correcta. Desde 2004 se incrementaron los requisitos para ejercer el notariado, pues se hizo necesario tener una especialidad y dos años de práctica. Aunque esto no pone a Costa Rica en paridad con aquellos países cuyos requisitos de acceso son verdaderamente rigurosos, sin duda, fue un gran avance que ha de haber beneficiado el ejercicio de las funciones del cargo de notario que, según debemos recordar, es de carácter público.

Por otra parte, recientemente el Colegio de Abogados comenzó a implementar un examen de incorporación que pretende medir la calidad básica de los profesionales antes de incorporarse. Esta iniciativa, que debe ser aplaudida tanto por la ciudadanía como por los profesionales del derecho, es un importante avance que busca garantizar un mínimo de conocimiento en los abogados de nuestro país. ¿Es esto suficiente?

Lo cierto es que poner barreras de entrada a la profesión y conformarse con eliminar la competencia futura, puede ser tentador. El examen de incorporación es necesario y por dicha se está implementando, pero no nos debemos quedar ahí. Es muy fácil pedir exámenes de incorporación para los demás, cuando ya se está incorporado. Si lo que queremos es garantizar calidad y no poner una mera barrera de entrada, el próximo paso debería ser establecer requisitos periódicos que los abogados ya incorporados deban cumplir para mantener su licencia para ejercer.

En otros países este tipo de requisitos ya existen. Por ejemplo, en algunos estados de Estados Unidos se requiere a los abogados actualizarse periódicamente mediante programas obligatorios de educación continuada. Esto implica que, como condición para renovar sus licencias profesionales, los abogados deben obtener créditos por haber asistido a una cierta cantidad de horas de seminarios y cursos.

Otra posibilidad es la administración de exámenes periódicos por rama del derecho, pues conforme ejercemos la profesión, los abogados nos vamos especializando (o deberíamos hacerlo). Esta propuesta implica que cada abogado declare una especialidad y se someta a una prueba cada cinco años para renovar su licencia. Esto serviría para garantizar, no solo que al incorporarse los profesionales del derecho tienen un nivel mínimo, sino también, que a lo largo de la carrera se mantienen actualizados y continúan estando capacitados para asesorar a sus clientes.

Si bien la alternativa de evaluación periódica no ha sido probada en ningún otro país, al menos de mi conocimiento, Costa Rica podría ser pionera en establecer un sistema de este tipo, yendo más allá en el compromiso con la calidad de sus profesionales del derecho.

Costa Rica merece abogados de calidad. Los abogados merecemos un mercado que no esté saturado por aquellos que no tienen los atestados para participar de éste. Con estas propuestas, todos ganamos.

Por: José María Pacheco - Asociado

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